El Problema
El equipo directivo del cliente identificaba un patrón recurrente: aun contando con perfiles de ingeniería sénior y experiencia probada, las memorias técnicas se redactaban con un enfoque puramente ingenieril —especificaciones, diagramas de arquitectura y listados de tecnologías— sin construir una narrativa estratégica para el evaluador.
Faltaba conectar la solución con su impacto sobre el ciudadano y la administración: por qué esa propuesta resultaba preferible, qué riesgo mitigaba y qué visión de futuro proyectaba. La consecuencia se reflejaba en los apartados de valoración cualitativa (Mejoras y Juicio de Valor), donde diferencias de décimas decidían adjudicaciones.
Según fuentes del cliente, una licitación de 400.000 € se perdió por una diferencia de 0,3 puntos: el tribunal reconoció una propuesta técnicamente competitiva, pero priorizó al competidor con mejor estructura narrativa. Ese episodio motivó el encargo a Emotia Labs.